Algo más que ping pong
- Luis Freijo (Viñuelas)
- 8 ago 2017
- 3 min de lectura
Cinco y media de una tarde de lunes, a mediados de agosto, en la Calle Mayor de Villaseca de Uceda. Aunque la hora es taurina, la gente que comienza a concentrarse allí no ha acudido al pequeño pueblo de la Campiña para ver un espectáculo de astados, sino para participar en la que ya es una de las tradiciones deportivas de la comarca: el Torneo de Ping pong, que celebra su cuarta edición. Según la organización va repartiendo las camisetas oficiales a los participantes, Villaseca se tiñe de naranja y se llena de vida.
En la nave de Ángel y Enrique Pascual se han dispuesto tres mesas, en las que se van a disputar las categorías de individuales y de dobles en dos jornadas maratonianas de tenis de mesa. Las cifras de participación son abrumadoras: cuarenta y tres competidores, procedentes de ocho pueblos distintos (Villaseca, Viñuelas, Valdenuño, Málaga del Fresno, Uceda, Fuentelahiguera, Valdepeñas y Casa de Uceda), han sido alistados para blandir las palas. Algunos de ellos llevan esperando semanas para la cita y pretenden alcanzar la fase final de la competición; otros, incautos, han sido enrolados a última hora y a traición, pero tampoco importa demasiado: en este caso, lo importante sí que es participar.

Con pulso firme y voz potente, César va llamando desde la mesa de la organización a los competidores para que ocupen sus posiciones. Los golpes de las pelotas en las mesas, los chasquidos de los mates y los gritos de celebración comienzan a atronar la nave, que rebosa dinamismo de partidos, jugadores entrando y saliendo, público jaleando y risas. En apenas un suspiro, las horas del primer día de competición vuelan y, a las once de la noche, acaba la fase previa que, sobre todo, ha permitido que se perfilen los principales candidatos al título y que los jugadores con menos nivel puedan como mínimo disputar un puñado de partidos con los que divertirse.
Misma hora, mismo lugar, el martes tiene lugar la fase definitiva. Sobre las mesas, se acaban las bromas y los palistas comienzan a hacer gala de su mejor juego. Rápidamente desaparecen de los cuadros los participantes con menos nivel y en los cuartos de final se ve ya un ping pong de altísima calidad, con partidos que enfrentan a Miguel con Jesús Sanz, a César con Óscar de Fuentelahiguera, a Javier de Málaga con Clara Freijo de Viñuelas y a Javi Cuadra con Kike de Uceda. Los dos Javieres alcanzan una reñida semifinal en la que Málaga del Fresno se impone a Viñuelas, mientras que en el otro cuadro se disputa uno de los partidos más esperados del torneo: el duelo fratricida entre Jesús Sanz y César, cuñados y pertenecientes a clubes de ping pong en Guadalajara. La tensión se nota en los ceños concentrados de ambos jugadores, mientras que el público de Villaseca se agolpa a las puertas de la nave en un silencio reverencial. Tras dar ambos jugadores una exhibición de saque, mate, golpes con efecto y, sobre todo, resistencia psicológica, la partida se decanta a favor de Jesús Sanz.

Tras un parón obligado para ver la final de la Supercopa de Europa que enfrenta a Real Madrid y Manchester United, Jesús resuelve la final con autoridad y arrasa como una apisonadora a Javier, que solo puede mirar cómo su rival se mueve y golpea sin piedad. En el cuadro de dobles, Jesús alcanza la semifinal junto a Clara Freijo, aunque en esta ocasión la heterogénea pareja cede ante Pedro y Félix. En el otro lado, esta vez es el turno de César de alcanzar la final, codo a codo con Pablo de Fuentelahiguera, con quien vence a Javier de Málaga y a Edu. La pareja Villaseca-Fuentelahiguera ha alcanzado una perfecta coordinación para pivotar y golpear alternativamente, casi como una danza. Sin embargo, no es suficiente para derrotar a Pedro y Félix, que dan la campanada del torneo jugando un ping pong poco ortodoxo, casi desganado, pero tremendamente efectivo, en el que la experiencia de Pedro como jugador de pádel tiene un papel decisivo. Y así, el torneo llega a su fin con Jesús Sanz y Pedro y Félix como ganadores de las categorías individual y dobles, respectivamente.

Como habrán notado aquellos que estuvieron en Villaseca en esas dos tardes de agosto, he dejado lo más importante para el final: la barra que montó la organización proveyó con diligencia y maestría de cervezas, refrescos y bocadillos a todos los visitantes y consiguió con creces el principal objetivo del Torneo de Ping pong: reunir a jóvenes y grandes de la comarca para un rato agradable, reencontrarse con los viejos amigos y conocer nuevos y, sobre todo, no permitir que la vida de nuestros pueblos languidezca.
Gran triunfo de Villaseca.

Todas las fotos del Torneo en: https://www.flickr.com/photos/148029202@N06/
































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